Este artículo está dividido en varias páginas:
1. Invitación a la reflexión
Este capítulo último invita al lector a reflexionar sobre dos puntos:
- La carta de invitación a la fe enviada por Muhammad al emperador Heraclio
- La recepción reservada por el Negus de Etiopía a los Musulmanes que vienen para ser refugiados en él después de su fuga de La Meca
1.1. La carta a Heraclio
Aquí está la traducción de la carta:
«En el nombre de Dios misericordioso. De Muhammad, el siervo de Dios, a Heraclio, el
Gran Rey de los bizantinos, hola a los que siguen la orientación buena. Ahora te invito a recibir el mensaje del Islam. Acepta el Islam, serás salvado y Dios te dará una doble recompensa. Si tu rechazas, la impiedad de los Arrianos estará en ti. Gente del Libro, venid, discutamos y seamos de acuerdo sobre el hecho que no adoramos que un solo Dios sin asociarle nada, y sin proclamar entre nosotros señores otros que Dios. Si aceptáis, decid: Testificad que nosotros somos musulmanes.»
Dos puntos nos interesan en esta carta:
1.1.1. La doble recompensa
El Profeta Muhammad asegura a Heraclio una «doble recompensa» de Dios, si él cree en su Mensaje. El Profeta repite aquí esta doble recompensa prometida por Dios a los cristianos que habían proclamado su fe en el Islam, diciendo:
«Antes de él (el Corán) nos habíamos sometido». Dios responde sobre esto en el Corán: «Recibirán doble remuneración.» (Corán XXVIII; El Relato,53-54)
La primera remuneración viene de su fe en el Mesías y el Evangelio, la segunda resulta de su fe en el Corán que testifica a favor de la Biblia y el Evangelio.
¿Cuál debe ser la actitud de los cristianos de hoy que creen en el Evangelio y en el Corán? De acuerdo con el Profeta Muhammad- y al contrario de la opinión de muchos musulmanes tradicionales –no deben renunciar a ninguna enseñanza evangélica, Muhammad pidiéndoles sólo de decir: «Somos musulmanes» (es decir, sometidos a Dios). Según la Sura del Relato, mencionada arriba, ellos ya estaban musulmanes, sometidos a Dios antes del Corán.
Cuando el Negus de Etiopía, junto con los patriarcas coptos, escuchó el mensaje musulmán, por primera vez, los patriarcas exclamaron: «Pero estas palabras vienen de la misma fuente que las palabras de nuestro Señor Jesús, el Mesías!»
Del mismo modo, el Corán testifica que el Islam pre-existía a la revelación coránica:
«Pero, cuando Jesús percibió su incredulidad (los Judíos), dijo: ¿Quiénes son mis auxiliares en la vía que lleva a Dios? Los Apóstoles dijeron: Nosotros somos los auxiliares de Dios. ¡Creemos en Dios! ¡Sé testigo de nuestra sumisión! (sometidos)» (Corán III; La Familia de Imran,52)
Y Dios dijo en un otro versículo:
«Y cuando inspiré a los Apóstoles: ‘¡Creed en Mí y en Mi Enviado!’ (Jesús) Dijeron: ‘¡Creemos! ¡Sé testigo de nuestra sumisión!’.» (Corán V; La Mesa Servida,111)
Entonces, en el concepto coránico, los Apóstoles de Jesús estaban ya musulmanes antes del Islam, y cualquier que cree que Jesús es el Mesías ya esta musulmán, «sometido» a Dios aceptando el Evangelio.
Después de la venida del profeta Muhammad confirmando el Evangelio, los que niegan Muhammad niegan el Evangelio y los que creen en Muhammad testifican con él la autenticidad del Evangelio y obtienen «doble salario». Del mismo modo, el musulmán que cree en el Corán y Muhammad, si se somete al Evangelio también- en su texto actual- testifica con el Corán. Pero si él niega el Evangelio, detiene de ser musulmán. Se transformó en un testigo falso del Evangelio y del Corán y la impiedad de los arrianos le alcanza.
1.1.2. La impiedad de los arrianos
El segundo punto digno de interés en esta carta es la mención de «la impiedad arriana», conocida en el Occidente bajo el nombre de «arrianismo». El arrianismo apareció en Alejandría en el siglo III después de Jesucristo. Un sacerdote cristiano llamado Arius negaba la divinidad del Mesías y tenía muchos discípulos conocidos bajo el nombre de Arrianos (debemos no confundirse con la raza aria). El Concilio de Nicea (Turquía), que tenía lugar en 325 AD, condenó el arrianismo. Esta herejía, muy conocida en la historia del cristianismo, persistió mucho después del Concilio de Nicea. Se extendió en el Oriente hasta el tiempo del Profeta Muhammad, e incluso después. Sus consecuencias maléficas todavía existen. Los Intérpretes musulmanes que todavía ignoran el significado verdadero del arrianismo, son incapaces de dar una explicación exacta, y desfiguran la intención de Muhammad.
Con el hecho de mencionar esta impiedad, Muhammad testifica de una sabiduría y de una inteligencia que golpean todo espíritu avisado. Porque el Profeta certifica entonces, de su medio árabe y desértico, que las decisiones del Concilio de Nicea, que condenan el arrianismo, están justificadas y que les apoya plenamente. Sin embargo, esta impiedad fue la negación de la divinidad de Jesús y de la Trinidad Divina. ¿No es esto un reconocimiento implícito por Muhammad para estas dos Verdades divinas?
1.2. El refugio de los musulmanes en Etiopía
Los primeros discípulos de Muhammad huyeron a Etiopía en dos grupos sucesivos. Cuando el primer grupo llegó a Etiopía, la tribu de Bani-Quraish de La Meca, un feroz enemigo de Muhammad, envió dos mensajeros, Amr Ibn El Ass-que más tarde se convirtió en un musulmán -y Abdullah Ibn-Abi-Rabiah, siguiéndolos con regalos preciosos a ofrecer al Negus «Ahmassa», reclamando la extradición de refugiados musulmanes. Les acusaron de ser mal-intencionados, de abandonar la religión de su pueblo y de oponerse a la religión del Negus. Habían, pretendieron, inventar una religión desconocida, contrariamente a la del Negus y de los árabes.
El Negus rechaza de entregar los refugiados antes de escucharlos. Uno de ellos, Jaafar Ibn Abi Taleb, así habló en presencia de Negus y de jefes religiosos etíopes:
«¡Oh, rey, éramos un pueblo ignorante que adoraba ídolos hasta que Dios nos envió uno de nosotros como Profeta que sabemos el origen, la honestidad y la fidelidad. Nos invitó a creer en el Único Dios y a adorarlo».
Negus respondió: «¿Puedes leernos un texto escrito por este hombre de la parte de Dios!»
Jaafar respondió: «Sí», y le recitó todo el capítulo coránico de María hasta el versículo donde Jesús dijo:
«La Paz sobre Mí el día que nací, el día que muera y el día que sea resucitado a la vida». (Corán XIX; María,33)
Cuando los patriarcas escucharon estos versículos, dijeron: «Pero estas palabras vienen de la misma fuente que las palabras de nuestro Señor Jesús, el Mesías.»
Y el Negus de confirmar eso diciendo a los dos mensajeros: «Las palabras de estas personas y las palabras de Moisés emanan de la misma fuente. Partid! En el Nombre de Dios, yo no vos dará estas personas.!»
Pero los dos mensajeros no renunciaron a su proyecto. Volvieron decir a Negus: «Los Musulmanes tienen palabras malas acerca de Jesús, Hijo de María. Envíales y pregúntales sobre este tema.» Cuando llegaron al Negus, Jaafar le respondió: «Nosotros decimos lo que nuestro Profeta nos enseñó: Jesús es el Siervo de Dios, Su Enviado, su Espíritu y su Palabra enviada a la Virgen María». Por tanto, estos musulmanes habían entendido que sólo Jesús era el Espíritu y la Palabra de Dios.
Cuando el Negus oyó esto, tomó un palo y dibujó una línea en el suelo, diciendo: «Entre su religión y la nuestra, no hay más de esta línea.»
Si el Negus había conocido Muhammad y había escuchado sus enseñanzas de su propia boca, y si los dos mensajeros de La Meca no habían envenenado la atmósfera, el Negus sin duda no habría dibujado esta línea entre los creyentes. El Profeta Muhammad nunca imaginó o quería una línea similar de separación. ¿No había sido él el profeta, inspirado a decirle a la gente de la Escritura:
«Nuestro Dios y vuestro Dios es Uno.» (Corán XXIX; La Arana,46)
¿Dónde es esta línea en la mentalidad de Muhammad? Simplemente no existe.
Ahora es el momento para todo creyente maduro en la fe, de ir más allá de las líneas y las barreras artificiales y rígidas en los siglos por el fanatismo humano. Ha llegado el momento para que el creyente encuentre y abrace a su hermano creyente.
No hay más judíos, no hay más cristianos, no hay más musulmanes. Todos somos Judíos, todos somos cristianos y todos somos Musulmanes, a condición, sin embargo, de ir más allá de la carta para abrazarnos en el Espíritu de Dios, después de descubrir su intención real en su revelación bíblica coránica. «Vamos a juzgar por nosotros de lo que es justo» como lo recomienda el Mesías (Luca 12,57). Esta es la «Vía Recta» del Corán (Corán I; Fatiha,6).
Tengamos el coraje de ser creyentes independientes!
1.3. Conclusión
¿Por qué he llamado a este libro «Mirada de fe sobre el Corán?»
La razón es simple: a los ojos de los hombres, yo soy cristiano, y en su opinión, un cristiano no cree en el Corán. Sin embargo, mi cristianismo es más fiel al Islam que le son muchos musulmanes. El Corán y su Profeta digno Muhammad testifican en mi favor y me conceden un doble salario.
El Corán y la Biblia no son el monopolio de nadie. El Corán es una inspiración divina dirigida a todos aquellos que aman la Vida espiritual y aspiran a sublimar sus pensamientos para sentarse con el Creador, en Su compañía y vivir eternamente de Su aliento y su Espíritu vivificantes.
Creo en Dios, Abraham, Jesús, el Mesías de Dios, y Muhammad, el Profeta de Dios. Yo soy un creyente independiente. Yo no soy ni judío ni cristiano ni musulmán. Y sin embargo, estoy a la vez judío, cristiano y musulmán. Porque creo que sólo hay dos comunidades: la comunidad de los creyentes benditos y la comunidad de fanáticos prohibidos, que pertenecen a todos los pueblos, naciones y religiones.
Así que concluyo mi testimonio por el versículo coránico luminoso de la Sura III; La Familia de Imran, 199:
«Hay entre la gente de la Escritura» - de que soy una parte - «quienes creen en Dios y en la Revelación hecha a vosotros (Corán) y a ellos (Biblia). Humildes ante Dios, no han malvendido los Signos de Dios. Esos tales tendrán su recompensa junto a su Señor.» (Corán III; La Familia de Imran,199)
Pierre (13.10.1984 / Revisado 23.02.2008)