Mirada de Fe sobre el Corán

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1. Los principios del estudio

Nuestro estudio de la Inspiración divina se basa sobre los principios inmutables siguientes:

  1. El retorno al texto coránico mismo.
  2. La búsqueda del significado espiritual del texto.
  3. La pedagogía divina en la Inspiración.
  4. La unidad de la inspiración.

Con respecto a estos principios en el estudio de la inspiración bíblica-coránica, seremos capaces de penetrar en la intención divina para finalmente descubrir la unidad de las dos revelaciones.

1.1. El retorno al texto coránico

Dios requiere de los creyentes la prudencia en la búsqueda de verdades espirituales. Les pide de apoyarse siempre sobre los libros inspirados e de ignorar los rumores difundidos por los alborotadores. Dios advierte, diciendo:

«Hay algunos hombres que discuten de Dios sin tener conocimiento, ni dirección, ni Escritura luminosa.» (Corán XXII; La Peregrinación,8)

El Libro luminoso que usamos para entender el espíritu del Corán es el Corán mismo, apoyando nuestros argumentos en este Libro inspirado y en la Biblia, para manifestar la unidad que existe entre los Libros inspirados. Es intencionalmente que no prestamos ninguna atención a las protestas vanas de los que gustan las controversias superficiales para ahorrar su tiempo y el nuestro.

Esta necesidad de utilizar un Libro luminoso fue sentida por los apóstoles del Mesías mismos, para convencer a los judíos que Jesús era de verdad el Mesías anunciado por los profetas del Antiguo Testamento. De hecho, la inspiración evangélica dice que los Judíos que
han creído en el Mesías

«… aceptaron la Palabra (anunciada por los Apóstoles) de todo corazón. Diariamente examinaban las Escrituras para ver si las cosas eran así.» (Hechos 17,11)

El Mesías había hecho lo mismo con sus Apóstoles después de su resurrección:

«Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras.» (Luca 24,27)

El creyente avisado debe entonces constantemente referirse a los Libros Luminosos si está buscando una dirección sólida brillante para basar su fe en el conocimiento, al ejemplo de los Apóstoles, sus predecesores.

1.2. La búsqueda del significado espiritual del texto

Dios nos ha mandado a buscar siempre el significado espiritual de los textos inspirados, advirtiéndonos contra la trampa de la interpretación literal y estricta, que se desvía de la intención divina. La inspiración divina es para inflamar nuestros corazones y estimular nuestro interés por la vida espiritual eterna que es, sin mesura común, más allá de la vida corporal. Por eso, el Corán, después del Evangelio y de la Tora, nos anima y nos sensibiliza a ajuntarnos al espíritu a través de la letra. El Corán dice en efecto:

«Hay entre los hombres quien sirven a Dios, pero se atienen a la letra en servir a Dios. Si recibe un bien, lo disfruta tranquilamente. Pero, si sufre una tentación, gira en redondo, perdiendo así la vida de acá y la otra: es una pérdida irreparable.» (Corán XXII; La Peregrinación,11)

Encontramos la misma advertencia en el Evangelio con un estilo diferente:

«…el cual nos capacitó para ser ministros de una Nueva Alianza, no de la letra, sino del Espíritu. Pues la letra mata mas el Espíritu da vida.» (II Corintios 3,6)

El Mesías nos recomienda de no entender la Inspiración a la letra, de no persistir en el significado literal, pero de elevarse a la intención divina manifestada por palabras proféticas:

«El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida.» (Juan 6,63)

El Antiguo Testamento también nos invita a ir más allá de la letra para unirse al Espíritu. Citamos como ejemplo la circuncisión y el ayuno. El profeta Jeremías (siglo VI aC) dice de la circuncisión:

«Circuncidaos para Iahveh y extirpad los prepucios de vuestros corazones.» (Jeremías 4,4)

Por tanto, este gran profeta había entendido que la intención divina sobre la circuncisión tenía el objetivo de la purificación del corazón, no la eliminación del prepucio, un acto espiritual, no físico, que lava el alma de los pensamientos impuros y las tendencias impuras. Es por eso que St. Pablo dijo, a este respecto:

«La circuncisión es nada, y nada la incircuncisión; lo que importa es el cumplimiento de los mandamientos de Dios.» (1 Corintio 7,19)

En efecto, los que guardan los mandamientos de Dios eran

«circuncidados con la circuncisión no quirúrgica, sino mediante el despojo de vuestro cuerpo mortal.» (Colosenses 2,11)

Esta es la circuncisión espiritual realizada por la mano de Dios para purificar el alma a través del arrepentimiento y la gracia. Esta no puede ser comparada a la circuncisión física hecha de manos del hombre, incapaz de lavar el alma de las contaminaciones.

La circuncisión, el ayuno, los sacrificios, la peregrinación… etc. son todos símbolos «alegóricos» que evocan realidades espirituales; son parte de «alegorías» que debemos interpretar espiritualmente, no literalmente, como siguen haciendo:

«Los de corazón extraviado siguen las equívocas, por espíritu de discordia y por ganas de dar la interpretación de ellos. Pero nadie sino Dios conoce la interpretación de ellos. Los arraigados en la Ciencia dicen: Creemos en ello. Todo procede de nuestro Señor. Pero solo se acuerdan de eso los dotados de intelecto» (Corán III; La Familia de Imran,7)

La interpretación de «alegorías» no es conocida que de Dios revela el Corán. ¿Cómo algunos entonces se atreven de interpretarlas de una manera y de un estilo que provocan la discordia y la división entre los hermanos? En cuanto a nosotros, no avanzamos nuestra propia interpretación, pero usamos la Palabra de Dios en la Biblia, y en particular en los libros del Evangelio. Allí encontramos la interpretación de Dios mismo sobre las «alegorías», y eso por su propia «Palabra que Él ha comunicado a María» (Corán IV; Las Mujeres 171). La Palabra de Dios se encarnó en Ella para iluminar el mundo sobre las intenciones de Dios en su Inspiración. Esta Palabra bendita esta correcta y sobrepasa y confunde toda interpretación humana. Solos «los hombres de inteligencia» que están abiertos libremente y sin restricciones sobre toda la inspiración bíblico - coránica lograran a aprender de esta Palabra Divina. Todos aquellos que fueron engañados en las redes del fanatismo pueden liberarse de esta esclavitud viciosa si se guían por la Palabra total de Dios. Evitarán así el juicio severo de Dios y glorificaran su inspiración bíblica – coránica santa repitiendo el Corán:

«Creemos en ello. Todo procede de nuestro Señor.» (Corán III; La Familia de Imran,7)

En cuanto al ayuno, el profeta Isaías (siglo VIII aC) le había explicado diciendo que la intención divina no era para beber y comer, pero las obras de justicia:

«¿No será más bien este otro el ayuno que yo quiero: desatar los lazos de maldad, deshacer las coyundas del yugo, dar la libertad a los quebrantados, y arrancar todo yugo? ¿No será partir al hambriento tu pan, y a los pobres sin hogar recibir en casa? ¿Que cuando veas a un desnudo le cubras, y de tu semejante no te apartes?» (Isaías 58,6-7)

Sí, de hecho, creemos que el ayuno verdadero es de retener el lenguaje de las palabras vacías, de las calumnias que afectan a los hombres, de abstenerse de comer las propiedades de otra persona. Esta es la comida que debemos abstenerse como Cristo dijo:

«Luego llamó a la gente y les dijo: Oíd y entended, No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contamina al hombre. Porque del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias. Eso es lo que contamina al hombre.» (Mateo 15,10-20)

El Corán, inspirado para confirmar el Evangelio, confirma estas palabras conmovedoras de Jesús. De hecho, se informó en la sura La Familia de Imran las palabras dirigidas por Jesús a los judíos:

«Os he traído un Signo que viene de vuestro Señor… Y en confirmación de la Tora y para declararos lícitas algunas de las cosas que se os han prohibido.» (Corán III; La Familia de Imran,49-50)

Los seguidores de Dios entienden que ningún alimento está prohibido o considerado impuro por Dios. La Tora y el Corán no mencionan estos prohibidos que para preparar para el concepto de puro e impuro en las acciones y comportamientos humanos, dirigiéndose a los hombres que ignoraban a Dios, el bien y el mal. Es por esta razón que Dios vuelve a este tema, y clarifica la intención de lo puro y lo impuro en la Sura de la Mesa, explicando que:

«Hoy se os permiten las cosas buenas. Se os permite el alimento de quienes han recibido la Escritura (Biblia), así como también se les permite a ellos vuestro alimento.» (Corán V; La Mesa Servida,5)

Dios todavía confirma esta intención en la misma Sura:

«¡Creyentes! ¡No prohibáis las cosas buenas que Dios os ha permitido! ¡Y no violéis la ley, que Dios no ama a los que la violan! ¡Comed de lo lícito y bueno de que Dios os Ha proveído!» (Corán V; La Mesa Servida,87-88)

Debemos señalar que este mandamiento es dirigido a los creyentes para practicarlo: «¡Oh, creéis», y no a los incrédulos que transgreden la voluntad de Dios sin practicarla . Somos aquellos que creen en las palabras de Jesús que dijo «legal alguna de lo que estaba prohibido» de alimentos, como se explicaba anteriormente. No somos transgresores. También creemos en Muhammad, su compañero de misión celestial, el cual fue enviado para confirmar el Evangelio y las palabras de Jesús en ello.

Bajo esta fe nuestra, hemos decidido de no prohibir lo que Dios declara lícita, ya que Dios dice también en la Sura de la Mesa:

«Quienes creen y obran bien, no pecan en su comida si temen a Dios, creen y obran bien, luego temen a Dios y creen, luego temen a Dios y hacen el bien. Dios ama a quienes hacen el bien.» (Corán V; La Mesa Servida,93)

Hacer el bien! Este es el puro que Dios ha prescrito. Hacer el mal! Este es el impuro que Dios ha prohibido. Además, en el Sura VI, los Rebaños, Dios le pidió a Muhammad de decir:

«Di: ¡Venid, que os recitaré lo que vuestro Señor os ha prohibido: que Le asociéis nada!… alejaos de las deshonestidades…no matéis a nadie que Dios haya prohibido, sino con justo motivo! Esto os ha ordenado Él: ¡No toquéis la hacienda del huérfano…! ¡Dad con equidad la medida y el peso justos!… Sed justos Cuando declaréis! Esto os ha ordenado Él. Quizás, así, os dejéis amonestar Y: Ésta es Mi Vía, Recta. Seguidla…» (Corán VI; Los Rebaños,151-153)

Debemos notar que no se trata de los alimentos puros e impuros en estas prescripciones divinas de la Vía Recta. Así que ahora tenemos que superar estas prohibiciones culinarias y materiales para poner en práctica lo que dice Jesús en el Evangelio de Mateo y la Sura de la Familia de Imran. Sólo un corazón maduro en la fe sana, a la escucha de las direcciones de Dios, logra a liberarse de las cadenas de la letra para embarcarse en esta «Vía Recta» del espíritu prescrita por el Corán.

Esto también se aplica al ayuno del Ramadán. Este ayuno no es obligatorio como lo pretenden los fanáticos, ya que, según lo prescrito por el Corán mismo, «Y los que, pudiendo, no ayunen podrán redimirse dando de comer a un pobre» (Corán II; La Vaca,184). El ayuno verdadero es entones de no «comer el dinero de otras personas», según lo prescrito por el Corán a continuación. Los que llevan una vida reglada, bien equilibrada en todo son los que ayunan durante su vida.

Hemos visto a personas que ayunan para caer de nuevo sobre la comida como salvajes sobre mesas bien surtidas, y para vomitar después de sus comidas enormes, desregladas, de la noche hasta la madrugada…

Bienaventurados los que entienden la intención divina y practican el equilibrio y el control en todas las cosas.

Por eso, el Corán prescribió:

«No cabe imposición en religión.» (Corán II; La Vaca,256)

Esto se aplica, ciertamente, al ayuno.

La inspiración coránica menciona también el hecho de que el ayuno es abstenerse de oír mentiras y de comer el dinero de la gente:

«Esos tales son aquéllos cuyos corazones Dios no ha querido purificar Sufrirán ignominia en la vida de acá y terrible castigo en la otra. Dan oído a la mentira y devoran el soborno.» (Corán V; La Mesa Servida,41-42)

Dios también dijo en su Libro Santo:

«No os devoréis la hacienda injustamente unos a otros. No sobornéis con ella a los Jueces para devorar una parte de la hacienda ajena injusta y deliberadamente.» (Corán II; La Vaca, 188)

Aparece claramente de estos versículos que la purificación deseada es la del corazón, y que el ayuno es de abstenerse de escuchar las mentiras y de «comer» el dinero injustamente sin nunca obtener suficiencia y no de abstenerse de comer productos materiales por un tiempo limitado. Moisés dio a los judíos una Ley, la Tora. Algunos persisten, hoy en día, a entender esta Ley a la letra, negándose a abrirse a la intención divina. Este cierre les ha aislado de Dios, esta es la razón principal del rechazo de Jesús por los Judíos. Ellos esperaban un Mesías militar beligerante, un político autoritario y un economista genial. Pero el Mesías vino para hablar de arrepentimiento, del amor de los demás, no de lucha armada, del desprecio del dinero, no de su importancia. Explicó además el concepto espiritual de la ablución (purificación física por el agua), del ayuno, del descanso del sábado y de la ley mosaica en general. Pero los Judíos fanáticos se aferraban a la letra de la Ley, no a su espíritu, y rechazaron de reconocer al Mesías quien los invitaba a lavarse de la fuente de las Aguas Espirituales, no materiales, las fuentes del arrepentimiento, solas capaces de purificar el corazón de las impurezas reales.

Es por eso que Dios nos invita en el Corán a un examen serio de conciencia. Esto justifica o condena cada uno de nosotros:

«Di: ¿Habéis visto el sustento que Dios ha hecho bajar para vosotros? ¿Y habéis declarado esto lícito y aquello ilícito? ¿Es que Dios os lo ha permitido (de decir eso) o lo habéis inventado contra Dios? El día de la Resurrección ¿qué pensarán los que inventaron la mentira contra Dios? Sí, Dios dispensa Su favor a los hombres, pero la mayoría no agradecen.» (Corán X; Jonás,59-60)

Estos versículos temibles revelan que es el hombre que, por su locura, distinguió, «contra Dios» el permitido y el prohibido. ¿Cuál será la respuesta de cada uno de nosotros frente a esta pregunta en el Corán: ¿Es Dios que distingue entre lo que es permitido y lo que es prohibido en los productos que el mismo nos dispensa, o es el espíritu derecho de los creyentes malos que atribuyen esta mentira a Dios?

Además, y en cualquier caso, el Corán revela que Dios es libre de borrar lo que quiere en los Libros revelados:

«Cada época tiene su Escritura, Dios abroga o confirma lo que quiere. Él tiene la Escritura Matriz» (Corán XIII; el Trueno,38-39)

Por lo tanto, hemos visto que el Mesías dijo «puros todos los alimentos» (Marcos 7,19). Además, sobre todos los animales, Dios repitió a Pedro tres veces:

«Lo que Dios ha purificado no lo llames tú profano.» (Hechos 10,15-16)

Pablo, por su parte, ha aclarado la cuestión de puro e impuro en estos términos:

«No vayas a destruir la obra de Dios por un alimento. Todo es puro, ciertamente…» (Romanos 14, 20)

El confirma también esta verdad a su discípulo Tito:

«Para los limpios todo es limpio; mas para los contaminados e incrédulos nada hay limpio, pues su mente y conciencia están contaminadas. Profesan conocer a Dios, mas con sus obras le niegan…» (Tito 1,15-16)

El conflicto entre la interpretación literal y espiritual es permanente. Dios no nos pide simplemente de tener fe en su Inspiración, pero la fe buena: la que se somete a su voluntad. Dios es espíritu y el desea la elevación de nuestro espíritu. Sin eso no podemos, cualquier cosa que hagamos para purificar el cuerpo, elevarnos hasta Dios. La Ablución física forma parte de las «alegorías» y no es que el símbolo de la necesidad de una purificación espiritual, pero es incapaz de producirla. Esta purificación se obtiene por la fe y las obras buenas.

Los creyentes que buscan el significado espiritual de la inspiración llegan a las alturas de la vida espiritual, en contra, los que se aferran a la letra son enanos mencionados en el Corán en el verso siguiente:

«Hay entre los hombres quien adora a Dios pero se atienen a la letra (harf). Si recibe un bien, lo disfruta Tranquilamente. Pero, si sufre una tentación, gira en redondo, perdiendo así la vida de acá y la otra: es una pérdida irreparable.» (Corán XXII; La peregrinación, 11)

La palabra «harf» en árabe tiene un significado primero, preciso de «letra». Sin embargo, algunos lo traducen por la palabra «borde», que es el segundo significado. Si la intención de Dios era «borde», la palabra árabe más exacta seria «Hafat». La intención divina tiene como objetivo claro aquellos que creen con un espíritu temeroso, unido «a la letra» por miedo del castigo, sin tratar de comprender la intención del Espíritu Santo, por el amor de Dios. O «la letra mata», dice el Evangelio. «El Espíritu es el que da vida» (2 Corintios 3,6).

Cómo, el creyente unido a la letra, no puede «caer» en la cabeza, confundido y agitado cuando dos pasajes de una misma inspiración son contradictorios? En verdad, esta contradicción es sólo aparente y se sitúa en términos de la letra. Sin embargo, estos textos están de acuerdo en el nivel espiritual y en la intención divina.

Así, el hecho de elevarse hasta la intención espiritual es una necesidad para la salvación, sin la cual nos sumergimos en las marismas de la letra y en la impureza del fanatismo y la ignorancia, como es el caso, por desgracia, para muchos. Esta necesidad de elevarse a la intención divina y al significado espiritual de los textos aparece en dos pasajes sobre la creación aparentemente diferentes.

«…Él es Quien ha creado en seis días los cielos, la tierra y lo que entre ellos hay. Luego, se ha instalado en el Trono.» (Corán XXV; El Criterio,59)

Se trata aquí de una creación en seis días. Pero encontramos en un otro capítulo:

«Di: ¿No vais a creer en Quien ha creado la tierra en dos días…» (Corán XLI; Han Sido Explicadas Detalladamente,9)

Las interpretaciones que tratan de conciliar literalmente la creación en seis días y la de dos días son interpretaciones cómicas y con torsiones. Son más oscuras por desvíos y contorsiones y no logran a convencer al hombre reflexivo que tiene una mentalidad madura y sensata. Ciertamente, están lejas del propósito de Dios en su Inspiración.

También encontramos en el Antiguo Testamento dos historias de la creación. El primer relato habla de la creación en seis días, cuando Dios creó al hombre y la mujer en el sexto día, después de creer los animales y las plantas (Génesis 1). El segundo relato dice exactamente el contrario: Dios creó a Adán en primero, luego, le puso solo en el paraíso, y luego creó el resto de los animales, y finalmente creó a Eva de una costilla de Adán. El relato no menciona un número de días de la creación (Génesis 2).

¿Hay entonces una contradicción en la inspiración? No! La inspiración divina no se contradice: Debemos entender que Dios, a través de estos relatos, sólo quiere revelar al hombre politeísta la existencia de un Creador único. Esta verdad simple, sola, causó el odio contra los que la predicaban… El objetivo de los textos es de revelar a los hombres el conocimiento del Creador único y de poner fin a la adoración vana de ídolos y al culto ofrecido a varios dioses de la mitología.

Este Dios único nos invita, por la diversidad de los relatos de la creación, a ir más allá de la letra y a elevarnos para cumplir con el espíritu. Lo importante no es saber cómo se creó el universo, pero saber que hay un sólo Dios creador para adorar. No es para satisfacer una curiosidad científica, buscando en los textos sagrados verdades de orden numérico y temporal (número de días de la creación, etc…), pero para entender el mensaje espiritual: la Existencia de un solo Dios y de la manera apropiada de adorarlo. Esto es lo que la inspiración quiere revelarnos.

1.3. La pedagogía divina en la Inspiración

Dios, como un padre a sus hijos, siempre se ha basado sobre la pedagogía en la inspiración para guiar a los creyentes, y llevarlos gradualmente de donde están hasta la madurez psicológica y espiritual donde los quiere. Cada creyente sabio y perspicaz observa que en el Corán, Dios usa la pedagogía para los árabes del siglo VII AD. Esta pedagogía misma fue aplicada por Dios a los judíos y los cristianos en el Antiguo y Nuevo Testamento.

Los árabes de la Península Arábiga no conocían la vida espiritual a causa de su ignorancia de las verdades divinas reveladas. Antes del advenimiento del Profeta Muhammad, adoraban a La Meca más de trescientos sesenta ídolos juntos en la Quaba, monumento cúbico que abrita la «Piedra Negra» que los árabes creen que desciende del Cielo.

Estos dioses de la mitología árabe comían, se casaban entre ellos y procreaban. Los árabes creían entonces en una mitología comparable a la de los griegos antes de la penetración del cristianismo en Europa.

No fue posible de dar a los árabes la plenitud de la luz a la vez, a causa de su distancia total de la Verdad divina. Al igual que es imposible para el ojo humano, que fue mantenivo mucho tiempo en la oscuridad , de abrirse de repente a la luz solar sin ser encandilado o ciego, del mismo modo, debemos dar gradualmente la luz divina a los que mantuvieron por mucho tiempo en las oscuridades.

Dios, como siempre, actúa con sabiduría para revelarse a los árabes no sólo «en lengua árabe clara», pero poco a poco. Actúa como el maestro le enseñó a su alumno en la escuela, pasándole por las clases primarias, secundarias, hasta los diplomas superiores.

El Creador había hecho lo mismo con Abraham, Moisés y los Judíos en la Tora, y luego con los cristianos en el Evangelio, revelando poco a poco la esencia de su Ser único y espiritual. Esta pedagogía se encuentra en el Corán donde Dios revela a los árabes las verdades bíblicas con finura y delicadeza infinita, como un padre disciplina a su hijo hasta la madurez. Para ilustrar esto, vamos a presentar dos ejemplos de la pedagogía divina, uno sobre los sacrificios de animales, y otro sobre el matrimonio?

1.3.1. Los sacrificios

En El tiempo de Moisés, los judíos estaban contaminados en Egipto con la idolatría. Ellos adoraban a los dioses egipcios y les ofrecían muchos sacrificios. Para mantenerlos lejos de estas prácticas paganas que habían utilizado durante más de cuatro siglos, y para llevarlos gradualmente cercas del Dios Único, Moisés, en la Tora, les dio un culto. Esto consistía en los sacrificio ofertes, no A los dioses egipcios, sino A un Dios único que habían olvidado. El propósito de estos sacrificios no era de satisfacer Dios, pero de mantener los judíos lejos de la adoración de ídolos. Esto fue el primer paso, que debía llevarlos más cercas de la adoración verdadera.

Moisés no fue ni capaz de cancelar abruptamente y, finalmente, la práctica de los sacrificios, ni capaz de convencer a los Judíos de su incapacidad para obtener la misericordia divina. No podían en ese momento, entender la esencia del arrepentimiento que consiste en acercarse a Dios a través del perdón, no a través de los sacrificios. Así que Dios permitió estos sacrificios como un primer paso para acercarlos a Él.

El paso segundo tuvo lugar más de cinco siglos después de la salida de los Judíos de Egipto. Entonces Dios inspiró a sus profetas la vanidad de los sacrificios y los holocaustos de animales, afirmando que el único sacrificio aceptable a Dios es el sacrificio espiritual de si-mismo. El regalo verdadero que satisface a Dios es un alma arrepentida que se somete por completo a la voluntad divina. David, el rey profeta habla a Dios en el Salmo 51 (50):

«Abre, Señor, mis labios, y publicará mi boca Tu Alabanza. Pues no te agrada el sacrificio, si ofrezco un holocausto no lo aceptas. El sacrificio a Dios es un espíritu contrito; un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo desprecias.» (Salmos 51 (50),17-19)

En otro Salmo Dios dice también:

«¿Es que voy a comer carne de toros, o a beber sangre de machos cabríos? Sacrificio ofrece a Dios de acción de gracias, cumple tus votos al Altísimo; e invócame en el día de la angustia, te libraré y tú me darás gloria.» (Salmos 50 (49),13-15)

En la Biblia, Dios declara por boca del profeta Jeremías (siglo VI antes de Jesucristo) que nunca había exigido sacrificios y holocaustos, sino que Él quería que nosotros sigamos sus mandamientos. De hecho, Jeremías dijo a los judíos irónicamente:

«Así dice Iahveh Sebaot, el Dios de Israel. Añadid vuestros holocaustos a vuestros sacrificios y comeos la carne. Que cuando yo saqué a vuestros padres del país de Egipto, no les hablé ni les mandé nada tocante a holocausto y sacrificio. Lo que les mandé fue esto otro: ‘Escuchad mi voz y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, y seguiréis todo camino que yo os mandare, para que os vaya bien.’» (Jeremías 7, 21-23)

El profeta Miqueas, también, en el siglo VIII antes de Jesucristo, había denunciado la vanidad de los sacrificios y llegó a decir:

«Se te ha declarado, hombre, lo que es bueno, lo que Iahveh de ti reclama: tan sólo practicar la equidad, amar la piedad y caminar humildemente con tu Dios.»(Miqueas 6,6-8)

El Corán nos invita a exceder los sacrificios de animales y entender la intención real de Dios. Hablando de sacrificios, el dijo:

«Dios no presta atención a su carne ni a su sangre, sino a vuestro temor de Él…» (Corán XXII; La Peregrinación,37)

A pesar de esto, vemos a los «creyentes» acelerar por millones a los lugares de peregrinación donde innumerables ovejas y otros se ofrecen a Dios que no presta atención «a su carne ni a su sangre» .Esta costumbre es social más que espiritual, y tiene como objetivo a menudo a complacer a una sociedad hipócrita que ignora toda piedad verdadera en la vida cotidiana.

1.3.2. El matrimonio

El matrimonio poligamia entre los árabes de la Antigüedad era un caos, como el divorcio. Dominado por el capricho de los hombres y sus instintos, el matrimonio exponía la mujer a la mayor inseguridad y a muchos peligros: el divorcio es libre, la mujer recibió ninguna compensación. El papel indigno de la mujer en los harenes del antiguo Oriente Medio árabe dispensa de comentario.

Por tanto, el Corán viene, en una primera etapa, a restringir el número de esposas e imponer una ley al divorcio, según la cual el hombre debe indemnizar a la mujer divorciada. El matrimonio está limitado a cuatro esposas legítimas, a condición, sin embargo, de ser justo con ellos. Sino el hombre debe casarse con una. Aquí viene la pedagogía divina, porque la limitación del matrimonio es en sí mismo un gran desarrollo para el hombre árabe de la época, evolución sobre la que la gente de la Biblia había pasado. El Corán dice:

«Si teméis no ser equitativos con los huérfanos, entonces, casaos con pocas mujeres
Que os gusten: dos, tres o cuatro. Pero, si teméis no obrar con justicia (con ellas), entonces con una… Dad a vuestras mujeres (esposas) su dote Gratuitamente.» (Corán IV; Las Mujeres, 3-4)

Debemos señalar que el primer versículo comienza por llamar la atención del hombre a los huérfanos, abriendo un camino hacia el altruismo. Luego, hablando del matrimonio, el Corán no sólo le restringe, sino que también impone al hombre una dote para dar a cada mujer. Por un lado, esto no alienta la poligamia, y en segundo lugar, eleva la situación de la mujer a través de exigir una dote del marido, no de la mujer, tal como eso se practicaba mucho tiempo, incluso en el Occidente cristiano. El Corán permite a las mujeres de retirarse libremente de esta dote a favor del marido:

«Dad a vuestras mujeres su dote gratuitamente. Pero, si renuncian gustosas a
una parte en vuestro favor, haced uso de ésta tranquilamente.» (Corán IV; Las Mujeres, 4)

Después de haber restringido el matrimonio, el Corán recomienda la monogamia. Más allá comentando el mismo tema, al presenta la monogamia come el medio único y ejemplar para evitar cualquier injusticia con las esposas:

«Jamás podrán ser justos con sus mujeres aunque se muestren vigilantes.» (Corán IV; Las Mujeres,129)

Es claro que Dios invita al hombre, por este versículo, a la monogamia. Después de conducirlo poco a poco de la unión desreglada con la mujer, pasando por el matrimonio condicionado por la igualdad con cuatro esposas, Dios finalmente prescribe la monogamia, ya que nunca será justo con varias esposas, «aunque viendo». Cualquier creyente sincero que busca a agradar a Dios, no a satisfacer sus propios deseos, entenderá esta pedagogía divina, si ha madurado en la fe.

Así, es con gran finura y delicadeza que el Creador introduce la monogamia en las mentalidades árabes. Sin embargo, la primera impresión, que sigue siendo predominante entre muchos musulmanes, es que la poligamia está permitida por el Corán. En realidad, esta sólo se tolera hasta que el hombre alcanza una cierta madurez psicológica y espiritual. Dios le da entonces al hombre, esta criatura que le sabe frágil, el tiempo suficiente para hacer, a través de la experiencia, la importancia de la monogamia para la vida espiritual y temporal.

En cuanto a la sociedad árabe moderna, notamos el éxito del plan pedagógico de Dios en la práctica de la monogamia. Los árabes, en la gran mayoría, no tienen hoy que una sola mujer y la poligamia es bastante desacreditada. Del mismo modo, el divorcio es despreciado por la mayoría de las familias árabes, el constituye generalmente el recurso último en estos casos severos y graves. Mayor es la diferencia entre la sociedad islámica después del pasaje del soplo vivificador del Corán.

El Evangelio, también adopta la misma actitud pedagógica sobre el matrimonio y el divorcio: los fariseos que practicaban libremente el divorcio, cuestionaron el Mesías en este tema, para avergonzarle:

«¿Puede uno repudiar (divorciar) a su mujer por un motivo cualquiera? El respondió: ¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre. Dícenle: Pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla? Díceles: Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así…» (Mateo 19,3-8)

Debemos notar la actitud conmocionada de los Apóstoles mismos que oyen las palabras del Maestro y le dijeron:

«Dícenle sus discípulos: Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse. Pero él les dijo: No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda» (Mateo 19,10-12)

Dos hechos importantes surgen de esta historia: el primero es Moisés, que ha permitido de dar una carta de divorcio, y no Dios. Moisés ha permitido esto como un paso pedagógico, una concesión temporal en razón de la inmadurez psicológica de los hombres de este tiempo, concesión que debíamos exceder después para volver a la condición original querida por Dios, como Jesús le explicó. Pero los judíos, unidos a las tendencias humanas, se adhieren a la letra de la ley, negándose de elevarse a la intención divina.
El segundo hecho a recordar es que el Mesías, de su discurso sobre el matrimonio y el divorcio, fue más allá, elogiando la castidad de las personas «que se han hecho a sí mismos eunucos por tener el Reino de Dios». Esta expresión no implica una operación quirúrgica ni un celibato perpetuo, sino un matrimonio fiel cargado de sentimientos profundos y espirituales. No es de satisfacer los instintos puramente sexuales, pero de superarlos, hasta la reunión con el compañero o la compañera seleccionado (a) por Dios. Entonces se hacen espiritualmente «eunucos», es decir, castos y fieles en el matrimonio único toda su vida.

El Corán, también, habla de la castidad diciendo:

«Que los que no puedan casarse observen la continencia hasta que Dios les enriquezca con Su favor (enviado el compañero o la compañera).» (Corán XXIV; La Luz, 33)

Los árabes de la época de anarquía despreciaban la continencia y la castidad antes del matrimonio. Esta virtud estaba ignorada o despreciada, hasta el punto de que aquellos que la practicaban fueron acusados de falta de virilidad. Este es el caso, hoy, en los países llamados cristianos.

Las enseñanzas coránicas han dado sus buenos frutos en el corazón de muchos árabes. El Corán es el instigador de la evolución de la sociedad islámica, aunque algunos de sus enseñanzas quedan sin frutos para muchos musulmanes que están cerrados al espíritu coránico. Del mismo modo, el Evangelio no ha dado sus frutos en el corazón de muchos cristianos que desprecian la castidad y la santidad del matrimonio.

1.4. La Unidad de la Inspiración

La inspiración en la Biblia y el Corán es una. Ella emana de un mismo Dios que se ha revelado, manifestando su existencia en los libros del antiguo y Nuevo Testamentos e del Corán. Esto es lo que el Corán afirma diciendo a la gente de la Biblia.

«Nuestro Dios y vuestro Dios es Uno. Y nos sometemos (Musulmanes a Él)» (Corán XXIX; La Araña,46)

De un solo Dios emana una sola Inspiración inmutable, sin falsificación. Lo que afirma el contrario es un blasfemador.

Para descubrir la unidad de la Inspiración de los versículos bíblicos y coránicos, tenemos que ir más allá de las expresiones y los estilos literarios diferentes para entender el significado espiritual profundo, penetrando entonces el Espíritu de Dios. Como entendemos este punto importante, podemos entonces ser testigos del monoteísmo, ya que no es ni lógico ni conveniente de demostrar la existencia de un Dios sin ser testigo de su Inspiración única.

Los fanáticos buscan a divisar esta Inspiración, a través de difundir rumores que tiene como objetivo incitar el odio y los trastornos. Los rumores principales son los siguientes:

  • El Corán no es inspirado por Dios
  • El Corán abolió la Biblia
  • El Evangelio es falsificado
  • El Evangelio se contradice por supuestas diferencias entre los cuatro Evangelios etc…

Estas calumnias no tienen ninguna base en el Corán. Muchos eruditos honestos denunciaron estos rumores, incluido el Jeque Muhammad Abdo, ex primado de la mezquita El-Azhar en Egipto. Este certifica más de una vez la autenticidad del texto bíblico.

Para descubrir la unidad de la inspiración, debemos respectar dos principios:

  1. Reemplazar la Inspiración en su contexto histórico, geográfico y social
  2. Discutir por «el mejor» de los argumentos como lo exige el Corán.

Las mejores interpretaciones del Corán son las que confirman la Biblia. Esta es la «Vía Recta» (Corán I, la Fatiha, 6). Por el contrario, las interpretaciones coránicas que contradicen el espíritu bíblico deben ser rechazadas porque están en contradicción con el Corán que autentica las Escrituras bíblicas que vienen delante de él. Estas interpretaciones falsas representan el camino tortuoso que toman «los lejos que incurren la ira de Dios.»

1.4.1. Reemplazar la Inspiración en este contexto

Para comprender una inspiración, ya sea bíblica o coránica, debemos conocer el profeta a quien Dios ha inspirado el mensaje, la razón por la que este mensaje fue dado así como su contexto social e histórico. De hecho, Dios dice en el Corán:

«No mandamos a ningún enviado que no hablara en la lengua de su pueblo, para que les explicara con claridad.» (Corán XIV; Abraham,4)

Esta es la razón por la que debemos saber la gente, el tiempo, el lenguaje de cualquier profeta y la sociedad en la que se envió y el contexto histórico para comprender el alcance del mensaje inspirado.

En el caso del Corán, la inspiración se dio en la Península Arábiga, para informar sus habitantes sobre la existencia de un Dios único y la ausencia de sus dioses mitológicos.
El Corán anuncia a los árabes que este mismo Dios se ha hecho conocer antes a la gente de la Biblia y que, a través del Corán, se presenta a ellos y les presenta esta Biblia en «lengua» o «lectura árabe clara» para que siguen el mismo camino que sus predecesores (Judíos y cristianos):

«Dios quiere aclararos y dirigiros según la conducta de los que os precedieron…» (Corán IV; Las Mujeres, 26)

El camino del Islam es entonces el de la Biblia. Además, Dios invita a los árabes a creer no sólo el Corán, pero la Biblia también. Aquí se manifiesta la unidad de la inspiración:

«¡Creyentes! Creed en Dios, en Su Enviado (Mohamed), en la Escritura que ha revelado (el Corán) a Su Enviado y en la Escritura que había revelado antes (La Tora y el Evangelio).» (Corán IV; Las Mujeres, 136)

Creer en la Biblia y el Corán es una condición por la fe monoteísta y por la realización de la unificación de la inspiración. Es por creer en la autenticidad de la Biblia que encontramos la interpretación correcta del Corán, ya que certifica la autenticidad de la Biblia.

¿Cómo algunos pretenden entonces que la Biblia, y en particular los Evangelios, son falsificados, mientras que el Corán mismo dice explícitamente lo contrario? De hecho, el Corán informa:

«Aquéllos a quienes hemos dado la Escritura (la Biblia) y la leen como debe ser leída, creen en ella. Quienes, en cambio, no creen en ella, ésos son los que pierden…» (Corán II; La Vaca, 121)

Nuestra creencia en la unidad de la inspiración divina y su protección por Dios nos impone una fe en la Biblia y el Corán que emana de ella. Los seguidores de la falsificación de la Biblia contradicen el Corán. De hecho, como hemos visto, Dios dice:

«Quienes, en cambio, no creen en ella, ésos son los que pierden.» (Corán II; La Vaca,121)

Queremos llamar la atención del lector sobre el hecho de que el Corán testifica a favor de la lectura «correcta» del Evangelio, es decir, «como él se inspiró,» de acuerdo con la interpretación coránica de «Jalalein». El hecho de que el profeta árabe Mahoma siempre ha confiado en «los que leen las Escrituras» (la Biblia), cuando se dudaba de su misión, aumenta aún más nuestra fe y nuestra relación con estas Escrituras Santas. Dios le guió «a la gente de la Biblia»:

«Si tienes (Mohamed) alguna duda acerca de lo que te hemos revelado, pregunta a quienes, antes de ti, ya leían la Escritura. Te ha venido, de tu Señor, la Verdad. ¡No seas, pues, de los que dudan!» Corán X; Jonás,94)

Hemos tratado de limitarnos a la lectura del Corán en nuestra búsqueda de la Verdad, pero el Corán nos incita a referirse al Evangelio diciendo:

«Di: ¡Gente de la Escritura (Biblia)! No hacéis nada de fundamento mientras no observéis la Tora, el Evangelio.» (Corán V; La Mesa Servida, 68)

Del testimonio del Corán a favor de la Biblia, nos fijamos para el objetivo de manifestar la unidad de la inspiración en estos dos libros inspirados. Hemos intentado incansablemente para encontrar el punto de encuentro entre el Corán y la Biblia, y, gracias a Dios, lo hicimos.

1.4.2. La discusión por el «mejor» de los argumentos

En nuestro estudio, hemos llegado a la conclusión siguiente: Toda interpretación coránica contraria a la Biblia se opone al espíritu del Corán y debe ser rechazada, ya que el Corán confirma la Biblia y no la contradice.

En el Corán hay 15 versículos que revelan que el Corán fue inspirado para confirmar la Biblia. Aquí son dos ejemplos:

«¡Creed en lo que he revelado en confirmación de lo que habéis recibido! (Biblia).» (Corán II; La Vaca,41)
(Ver también Corán II; La Vaca, 89, 91, 97, 101)

«Él te ha revelado la Escritura con la Verdad, en confirmación de los mensajes anteriores (Biblia). Él ha revelado la Tora y el Evangelio, antes, como dirección para los hombres…» (Corán III; La Familia de Imran,3)
(Ver también Corán III, 81/IV; 47/ V; 48 / VI; 92/ X; 37/ XXXV; 31/ XLVI;12, 30)

Nuestro enfoque se inspira del comando coránico luminoso: «No discutáis sino con buenos modales» (Corán XXIX, La Araña, 46). Pero «el bueno» de los argumentos es el que demuestra que el Corán confirma la Biblia y se encuentra en la descubierta de la unidad de la Inspiración bíblica-coránica. Esta es la «Vía Recta» de los elegidos (I Corán, la Fatiha,6) y «el más fuerte Ansa» (Corán,II, La Vaca,256). Además, intentamos de tratar los temas con amor y con la máxima precaución para no caer en la trampa de las controversias por el peor de los argumentos, como muchos lo hacen. Estos son responsables de la lejanía de muchas personas del Corán debido a sus comportamientos insensatos y fanáticos. Ellos desfiguran la cara verdadera y la pureza del Islam y llevan la responsabilidad de la desviación de las almas y de la división de las filas. Tendrán que responder por su actitud culpable el Día del Juicio ante el trono de Dios, estaban en el camino tortuoso que llevan «los lejos que incurren la ira de Dios».

1.5. Comentario

El Corán repite con fuerza el mandamiento bíblico dirigido a la gente de la Biblia, judíos y cristianos, para difundir el conocimiento de la Biblia y no de ahogarse:

«Cuando Dios concertó un pacto con los que habían recibido la Escritura (Biblia): Tenéis que explicársela a los hombres, no se la ocultéis. Pero se la echaron a la espalda y la malvendieron. ¡Qué mal negocio…!» (Corán III; La Familia de Imran,187)

Los jefes de los pueblos de la Biblia abandonaron de difundir su Luz divina. Mantuvieron el mensaje divino sellado, sin explicación, tanto es así que el pueblo cree ciegamente, sin entender las razones de su fe, ignorando las profecías e incluso la existencia de estas. El Corán, por supuesto, después de la Biblia, condena estos guías responsables traidores, judíos y cristianos, y revela su negligencia.

Sin embargo, ¿qué pensamos de los jefes musulmanes y árabes que exilan la Biblia fuera de sus fronteras, mientras que el Corán, por suerte, es bienvenido a todas partes? Sin embargo, el Corán requiere, también, de ellos- y se supone que deben saber- que el Mensaje bíblico sea también claramente revelado en todas partes y a todos los hombres y extendido por todo el mundo, amenazando a aquellos que sofocan la luz de los peores castigos:

«Quienes ocultan las pruebas claras y la Dirección que hemos revelado, después de habérselo Nosotros aclarado a los hombres en la Escritura, incurren en la maldición de Dios y de los hombres.» (Corán II; la Vaca,159)

«Quienes ocultan algo de la Escritura que Dios ha revelado y lo malvenden, sólo fuego
Ingerirán en sus entrañas y Dios no les dirigirá la palabra el día de la Resurrección ni les declarará puros. Tendrán un castigo doloroso.» (Corán II; La Vaca,174)

Todo otro comentario es superfluo.