Este artículo está dividido en varias páginas:
El Cristo desenmascara al Anticristo
A JESÚS
EL MESÍAS VIVO
DE VUELTA ENTRE NOSOTROS
El 13 de mayo de 1970
Jesús reveló el Apocalipsis en el Líbano
«Venga conmigo del Líbano mi amada,
Venga conmigo del Líbano, hace tu entrada.»
(Cantar de los Cantares 4,8)
«Aún un poco de tiempo,
y el Líbano pasará a ser,
Ciertamente, una Huerta,
y la Huerta se convertirá en bosque.
Entonces los sordos, ese Día,
oirán las palabras de un Libro
y, liberados de la sombra y de la oscuridad,
los ojos de los ciegos verán…
ya que el tirano no será ya, el burlón habrá desaparecido
y los malévolos serán exterminados.»
(Eclesiástico (Sirácides) 29,17-20)
1. Introducción
El Apocalipsis es un libro profético que informa de los acontecimientos y de los protagonistas del Siglo XX y XXI. Esta época tumultuosa es la de la reaparición y del final de una Bestia: El Anticristo, en vísperas de la Vuelta del Cristo.
Este Libro fué reveado a San Juan, el Apóstol de Jesús, en el año 95. El Apocalipsis es un «Libro cerrado, sellado de siete sellos» (Apocalipsis 5,1). Esto significa que es perfectamente secreto. Ningún hombre puede pretender descubrir el mensaje (Apocalipsis 5,3). Solamente Jesús posee la clave de la interpretación de los enigmas que se encuentran allí (Apocalipsis 5,5-7). Es él, Jesús, quien enviará a su mensajero con este «pequeño Libro abierto» (Apocalipsis 10,1-2) para revelar su contenido, cuando se cumplrán los acontecimientos apocalípticos anunciados (Apocalipsis 22,10 / 22,16).
Esta interpretación del Apocalipsis no es el fruto de un esfuerzo personal, sinó no tendría ningún valor. Es la consecuencia de las revelaciones conmovedoras hechas por el Cristo a un sacerdote libanés. Jesús le reveló la identidad insospechada de la «Bestia» del capítulo 13 del Apocalipsis a fin de iluminar los hombres de buena fe, todos los verdaderos creyentes.
El Apocalipsis predice la vuelta de esta Bestia que ya existía antes (Apocalipsis 17,8).
Jesús vuelve de nuevo, él también, para desenmascararla, aniquilarla y restaurar el Reino de Dios (Apocalipsis 1,7 / 22,20).
Esta «Bestia» es el Anticristo del que habla el mismo Juan en sus epístolas (1 Jean 2,22 / 2 Jean 7). La revelación de su identidad es la Clave que abre el «pequeño Libro cerrado» del Apocalipsis ya que, por deducción, explica todos los símbolos apocalípticos.
El autor de estas páginas es el sacerdote a quien el Señor Jesús confió esta Clave. La revelación de este mensaje tuvo por consecuencia persecuciones hipócritas y amenazas por parte de numerosos cristianos libanéses - obispos, sacerdotes y laicos- al servicio de la Bestia. Seducidos por sus enfoques y temiendo su potencia, la sirvieron. Así, sacrificaron su noble Misión y traicionaron el testimonio debido a Jesús (Mateo 24,10-12).
El depositario del Mensaje apocalíptico debía separarse de la Iglesia tras el compromiso de esta última en favor de la Bestia. Pedro, el Apóstol de Jesús, debía, antes de él, actuar así mismo hacia la Sinagoga a fin «de obedecer a Dios más bien que a los hombres» (Actos 5,27-29).
Eso fue para este sacerdote y para los que creyeron en su Mensaje una liberación moral y una restauración espiritual. Ellos «juzgaron por ellos mismos de lo que es justo» como lo prescribe Jesús (Luc 12,56-57). Estos pioneros de la liberación espiritual vienen de varias religiones y ambientes. Desencadenaron, por su fe indefectible al mensaje apocalíptico y por el amor y por la unión que reinan entre ellos, la Restauración Universal profetizada por Pedro (Actos 3,20-21).
Esta liberación hizo de ellos los creyentes independientes y los testigos auténticos del verdadero Mesías, Jesús de Nazarea.