Este artículo está dividido en varias páginas:
- Introducción
- La enigma - clave
- Cómo Jesús revela el enigma
- Presentación del libro
- Resumen de la historia
- Razones del hermetismo: La profecía sellada se explica a su debido tiempo
- Explicación de las cifras y símbolos
- Después de la caída
1. Razones del hermetismo: La profecía sellada se explica a su debido tiempo
El Apocalipsis permaneció un Libro herméticamente secreto por varias razones, la principal siendo que las profecías que se hayan allí, aún no se han cumplido. Ahora bien, toda profecía no puede ser entendida hasta su cumplimiento histórico. Así pues, las profecías del Antiguo Testamento relativas al Advenimiento del Mesías no pudieron ser comprendidas con sus detalles sinó después de la llegada de Jesús. Nadie se esperaba, por ejemplo, que al Mesías se le dé muerte por aquellos mismos que le esperaban impacientemente. Por ello, el capítulo 53 de Isaías, hablando del Mesías puesto a muerte, por su pueblo, era incomprensible antes de la crucifixión de Jesús.
Del mismo modo, las profecías apocalípticas relativas a la Bestia eran completamente oscuras. Cuando ésta apareció, entonces el Cristo El mismo intervino para aclarar las profecías por las cuales fue anunciada. Sin esta intervención divina, esas profecías habrían seguido siendo herméticamente secretas.
Antaño, Jesús apareció a los discípulos de Emaus después de su Resurrección: «y, comenzando desde Moisés y recorriendo a todos los profetas, declarabales en todas las Escrituras lo que de El decian» (Lucas 24,27)… Entonces les abrió el espíritu a la inteligencia de las Escrituras, y les dijo: «Así está escrito yasi fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al terer dia…» (Lucas 24,45-46). Si Jesús no les hubiera explicado a sus discipulos las profecías que lo concernaban, su espíritu - y el nuestro también, seguramente no se habría abierto a «la inteligencia de las Ecrituras». Del mismo modo, si Él no hubiera explicado ese «pequeño Libro», el Apocalipsis, habría seguido siendo cerrado, inaccesible a nuestra inteligencia.
Con respecto a las profecías bíblicas, San Pedro dice:
«Entendiento primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de particular interpretacion; porque la profecia no fue en los tiempos passados traída por voluntad humana, sino los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo.» (2 Pedro 1,20-21)
Es necesario bien destacar que la explicación del Apocalipsis dada aquí, no es una «explicación personal», sino una revelación divina hecha por Jésus mismo. Sí, antes del 13 de mayo de 1970, el Apocalipsis seguía siendo oscuro, es porque el Espíritu Santo aún no lo había explicado; ciertos hombres habían intentado dar una explicación personal y por iniciativa propia. Pero ellos no abían sido acreditados por Dios.
Dos factores contribuyeron a guardar el secreto del Apocalipsis hermético durante tanto tiempo:
1. Las profecías apocalípticas aún no se habian cumplido: Muchos, con respecto a estas profecías, «pretendieron descubrir qué tiempo y qué circunstancias tenían en vista el Espíritu del Cristo», (1 Pedro 1,11), pero todas estas investigaciones humanas siguieron siendo inútiles ya que ni «el tiempo» ni «las circunstancias» aún se habian cumplido. Desde 1948, fecha de la aparición de la Bestia, el tiempo y las circunstancias apocalípticos resultaron evidentes en el mundo. El Cristo apareció pués, el 13 de mayo de 1970, abriendo el «Pequeño Libro», para revelar su dimensión profética.
2.El texto apocalíptico presenta los acontecimientos de una manera especialmente complicada. Esto mantiene su mensaje perfectamente secreto, incluso después del regreso de la Bestia. Si Jesús no hubiera dado la «Clave», el Apocalipsis habría seguido siendo hermético debido a los tres siguientes factores:
- El enredo entre acontecimientos y protagonistas
- La repetición variada de un mismo acontecimiento
- Los diferentes símbolos para una misma realidad
1.1. El enredo
Los acontecimientos y los protagonistas se mezclan, no parecen de manera organizada, ni por orden de su aparición. Leyendo el Apocalipsis, no se debe esperar un desarrollo seguido de los acontecimientos relatados. Hay un tal enredo entre protagonistas y acontecimientos, que se pierde el hilo de las ideas. Así pues, se menciona la Bestia, por ejemplo, repentina y brevemente en el capítulo 11,7, sin presentación previa, como si se supone al lector conocer su identidad. Pasa pues completamente inadvertida. Se vuelve a hablar de ella a continuación detenidamente, en los capítulos 13 y 17, dónde se presenta con todo detalle, que hace resaltar su carácter salvaje, su existencia previa, su desaparición y por fin su reaparición con fuerza en un lugar vago, antes que se desaparexca para siempre. Pero por eso es necesario la «Clave» para entender todo eso. Con la explicación revelada por Jesús se llega, a través de paciencia, a poner las partes del «Rompe cabeza» apocalíptico cada una en su lugar. Sin esta «Clave» , los lectores se extravían en los meandros de este Libro.
1.2. La repetición variada
El relato del mismo acontecimiento se repite bajo distintas formas. Tal fué el caso, en el Génesis, de los dos sueños del Faraón interpretados por José: El sueño de los «siete espigas» y el de las «siete vacas». Los dos sueños tienen una misma interpretación: anunciaban el hambre de siete años que seguiría los siete años de cosecha abundante. José explicó al Faraón que «si su sueño se habia renovado dos veces, es que la cosa está decidida por parte de Dios y Dios tiene prisa para cumplirla» (Génesis 41,17-32).
En el Apocalipsis también, hay repetición bajo distintos símbolos ya que Dios decidío inexorablemente actuar contra la Bestia en su regreso y destruirla para siempre, de una vez por todas.
- Una primera presentación de los acontecimientos va del capítulo 4 al capítulo 8,1: El Señor está sobre su Trono para juzgar la humanidad según de un libro cerrado de 7 sellos que tiene en mano. En el capítulo 5, el Cordero (Jesús) se presenta para tomar el Libro (Apocalipsis 5,7), y en el capítulo 6, abre los sellos el uno tras el otro. Cuatro caballos (es la Bestia) aparecen con sus jinetes que causan guerras y hambres (Apocalipsis 6,1-8). Estos cuatro jinetes «deguellan los testigos de Dios; bajo el altar» (Apocalipsis 6,9-11). Por fin, Dios concede sus súplicas a esos mártires (Apocalipsis 6,9) y manifiesta su cólera contra la Bestia (Apocalipsis 6,12-17). Después de la caída de ésta, una nueva era se abre en el mundo (Apocalipsis 21 & 22).
- Una segunda presentación del mismo relato sigue inmediatamente con símbolos diferentes. Va del capítulo 8,2 hasta el final del capítulo 9. Aquí, los 7 sellos son sustituidos por 7 trompetas tenidas por 7 ángeles.
Entre esta segunda presentación y la tercera que la sigue, aparecen, del capítulo 10 al capítulo 15,4, en símbolos, mezclados, los protagonistas de la Historia: el Ángel, los dos Testigos, el Dragón, la Mujer, la Bestia, la Otra bestia, los Elegidos.
- Se reanuda una tercera presentación de los acontecimientos del capítulo 15,5 al capítulo 16. El simbolismo difiere aún de los otros: son 7 Ángeles que llevan 7 copas llenas de la cólera de Dios.
A cada sello abierto, a cada trompeta sonada y a cada copa derramada sobre la tierra, son los mismos acontecimientos repetidos bajo símbolos diferentes.
1.3. La forma simbólica variada
Presenta a los mismos protagonistas bajo símbolos diferentes:
La Bestia de los capítulos 13 y 17 también está representada por:
- Los «4 caballos» devastadores (Apocalipsis 6,1-7)
- La montaña (de Sión) lanzada al mar (Apocalipsis 8,8)
- La estrella (de David) que cae del cielo sobre la tierra (Apocalipsis 9,1)
- «Los paganos que hollan la Ciudad Santa» (Apocalipsis 11,2)
- «Babilonia la Grande» (Apocalipsis 18,2)
- «Las naciones» (infieles), «Gog y Magog», reunidas de las 4 extremidades de la tierra en Jerusalén, la «Ciudad amada» (Apocalipsis 20,7-9)
Los símbolos más difíciles a comprender - y allí es necesario estar atentos- están en el capítulo 17,9-11: Los «siete cabezas (de la Bestia) son siete colinas» sobre las cuáles la famosa Ramera esta sentada (son las 7 colinas sobre las cuales se encuentra Jerusalén: Monte Sión, Monte Moréah, etc… Apocalipsis 17,9). Son también los «siete reyes» (Apocalipsis 17,10). Estos reyes representan la historia pasada de Israel como reino: los 5 reyes que yá pasaron representan a la Bestia que «era». El que vive aún representa a los Judíos quienes se esforzaban secretamente para restablecer el reino israelí bajo el imperio Romano. Pablo nombra eso «el misterio de iniquidad que está yá obrando» (2 Tesalonicenses 2,7). El séptimo rey «quién aún no vino y debe permanecer por poco tiempo», representa la Bestia de regreso al mundo «para poco tiempo y que es también el octavo, sin embargo, uno de los siete». Israel, de regreso, pero no en forma de reino como en los viejos tiempos, es «el octavo, pero sin embargo, uno de los siete reyes», ya que representa esos «siete reyes» de Israel del pasado y personifica toda la historia de Israel. Los Israelíes esperan aún restaurar el Reino de David y el Templo de Salomón en Jerusalén; declaran siempre a Jerusalén como capital y Ciudad del Rey David.
Esta variedad de símbolos se aplica también a las cifras:
Los «42 meses» (Apocalipsis 11,2) son los «1260 días» (Apocalipsis 11,3/12,6): 42 meses = 1260 días
Este mismo período se llama «un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo» (Apocalipsis 12,14).
Más aclaración se dá en el siguiente capítulo.