La Clave del Apocalipsis

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1. Resumen de la historia

1.1. Los protagonistas aliados del Anticristo

1.1.1. Satanás

Jesús, en su primer advenimiento, ató al diablo:

«Es ahora el juicio de este mundo, ahora el príncipe de este mundo será echado fuera», había dicho Jesús (Jean 12,31).

El Apocalipsis predijo la liberación del diablo después de mil años simbólicos:

«Vi un Ángel (Jesús) que bajaba del Cielo… Dominó el Dragón, Satanás, y lo encadenó por mil años… cuando los 1.000 años se cumplan, Satanás, suelto de su prisión, saldrá a engañar las naciones de los cuatro angulos de la tierra, a Gog y a Magog, y a reunirlos para la guerra… subieron sobre la anchura de la tierra… y rodearon a la Ciudad amada» (Apocalipsis 20,1-9).

Después de haber sido atado por el Cristo, el diablo fue liberado del abismo, por el Anticristo, la Bestia, cuyo símbolo es la Estrella (de David). El Apocalipsis dice:

«El quinto Ángel tocó la trompeta… Entonces vi una estrella que había caído del cielo a la tierra (la Bestia caída). Se le dio la llave del pozo del Abismo (el infierno). Abrió el pozo del Abismo y subió un humo como hum de un gran horno, y el sol y el aire se oscurecieron…» (Apocalipsis 9,1-2)

Eso significa, por supuesto, el Sol de la Justicia y de la Verdad. Es la Luz espiritual que se ha apagado de sobre tierra. Es por eso que «el sol se volvió negro» (Apocalipsis 6,12/Mateo 24,29). La complicidad entre Satanás y el Anticristo es perfecta. Este último libera al diablo quien, a su turno, lo vuelve a traer sobre la «Tierra Prometida». El Cristo rechazó la colaboración con el diablo. El Anticristo, al contrario, la busca. El clan satánico, formado así, está respaldado por la segunda Bestia con el fin de establecerlo en Palestina para fundar, contra la voluntad explícita de Dios, un reino sionista (véase 1 Samuel 8 y el texto «El Drama de Jesús»).

1.1.2. La Bestia

Una «Bestia» existía en el pasado, ella ya no existe más en el año 95, fecha en la cual fue escrito el Apocalipsis. Juan lo ve volviendo por un Tiempo en el futuro, pero para desaparecer para siempre:

«Vi surgir del mar una Bestia que tiene diez cuernos y siete cabezas, sobre sus cuernos diez diademas… (Apocalipsis 13,1)… Su cifra es 666 (Apocalipsis 13,18)… Esa Bestia, era (en el pasado, antes del año 95) y ella no es más (en el año 95); y está para subir del Abismo, e ir a perdicíon (Apocalipsis 17,8)… Y nunca más será hallada (Apocalipsis 18,21)»

Israel es el único Estado que existía en el pasado (antes de 95) como Reino y no era más en el año 95, pues fue destruido por Tito en el año 70.

Bajo Salomón, su Reino llegó al apogeo de su gloria, hasta llegar a ser el famoso Imperio salomónico. Nada más que «el peso del oro que llegó a Salomón en un año fue de 666 talentos de oro…» (1 Reyes 10,14 / 2 Crónicas 9,13). Para descubrir la identidad de la Bestia, es necesario comparar su «cifra 666» con el peso del oro (666 talentos) que entraba a las cajas de Salomón. Ya que la Bestia sueña en restablecer el Imperio de Salomón, el «Grande Israel», convirtiendo a la cifra «666» en su símbolo. A tener en cuenta, que es una «cifra de hombre» (Apocalipsis 13,18); eso significa que esta Bestia es el símbolo de un grupo humano.

La potencia de la Bestia

En su tercera aparición, la Bestia vuelve de nuevo al mundo armada con una gran potencia que le confieren «el Dragón» y su aliado «la otra Bestia» (Apocalipsis 13,11):

«El Dragón le dió su poder y su trono y grande autoridad» (Apocalipsis 13,2)

Es necesario destacar que es Satanás - y no Dios quien sostiene a la Bestia, y es aún él quien reúne sus sujetos de los «cuatro angulos de la tierra» en Palestina. (Apocalipsis 20,7-8).

«Vi luego otra Bestia que subiá de la tierra… al servicio de la primera Bestia, estableciendo por todas partes su imperio…» (Apocalipsis 13,11-17)
«La herida» de la Bestia

La Bestia había cido herida mortalmente en la cabeza, pero se curó de su herida: «Una de sus cabezas había sido herida a muerte, pero su herida mortal había sido curada» (Apocalipsis 13,3).

Esta herida mortal es el símbolo de las dos destrucciones sufridas por Israel anteriormente y evoca igualmente al crimen de Hitler. El profeta Jeremías empleó esta expresión al momento de la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor:

«Mis ojos se funden en lágrimas; día y noche sin perdón: ya que un gran desastre alcanza a la hija de mi pueblo, una herida muy grave.» (Jeremías 14,17)

La bestia, curada de su herida mortal, reaparece gloriosa, potente, seductora y bien sostenida por sus aliados: el «Dragón» y la «segunda Bestia». El mundo admira la «resurrección» de Israel.

Potencia de seducción de la Bestia

El mundo está en admiración delante de esta Bestia sanada que reaparece con gloria y potencia. Todos declaran que nadie es capaz de combatirla:

«Entonces, la tierra entera siguió maravillada a la Bestia… y se postraron ante la Bestia: ‘¿Quién como la Bestia, y quien puede luchar contra ella?’ (Apocalipsis 13,3-4). …los habitantes de la tierra, cuyo nombre no se inscribió a partir del origen del mundo en el Libro de la Vida, se maravillarán al ver la Bestia» (Apocalipsis 17,8).

En efecto, nadie se atreve a pretender vencer al Estado de Israel. La gran potencia de este pequeño Estado se extiende a distintos niveles importantes (militar, social, de información, financieros, grupos internacionales de presión etc…). Esto le da un imperio internacional que intimida, o incluso paraliza la mayoría de los hombres. Quieras que no quieras, el mundo sigue la política israelí. Incluso el Vaticano no se atreve a oponerse, ni declararse a favor del Mesías, Jesús, ante su potencia. Nadie cuenta con el desenlace trágico que sufrirá Israel, desenlace profetizado por al Apocalipsis.

Duración de la Bestia y su caída

Se le da a la Bestia de triunfar durante un período simbólico de «cuarenta y dos meses», de establecerse, por la guerra, sobre todo la amplitud de Palestina y de ocupar Jerusalén antes de desaparecer de repente:

«Los paganos (los sujetos de la Bestial) hollarán la Ciudad Santa (Jerusalén) cuarenta y dos meses» (Apocalipsis 11,2)

Se califican de «paganos» debido a su denegación de Jesús.

«Y cuando los mil años fueren cumplidos, Satanás será sueto de su prisión, y saldrá para engañar las naciones (los paganos ya mencionados)… Gog y Magog (símbolo de los paganos) de las cuatro extremidades de la tierra y a reunirlos para la guerra (no para la paz: shalom)… Subieron por toda la anchura de la tierra (los colonos judíos), y circundaron a la Ciudad amada (Jerusalén). Pero bajó un fuego del Cielo y los devoró» (Apocalipsis 20,7-9).

Los Judíos sionistas, falsos Judíos según Apocalipsis 2,9 / 3,9, empujados por Satanás, no por Dios, vienen a Palestina de las cuatro extremidades del mundo. Llegan «seducidos» por el mito de la «Tierra Prometida». Ellos se establecen allí, por la guerra y no por la paz, sobre toda la anchura de la tierra, hasta en Jerusalén que la declaran su capital. Juan vió la destrucción cierta y repentina del Estado de Israel bajo la forma de un «fuego que baja del Cielo».

1.1.3. La Otra Bestia (los Diez Reyes)

Tras la primera Bestia, San Juan ve «una otra Bestia» quién se emplee a establecer el imperio de la primera Bestia, imponiéndola a todas las naciones, por todos los medios. Esta segunda Bestia se califica también como «falso profeta» (Apocalipsis 19,20), ya que habla en favor de la primera Bestia y profetiza erróneamente su éxito (la verdadera profecía predice, al contrario, su derrota). También está representada por los «diez cuernos» sobre las cabezas de la primera Bestia que representan los «diez reyes» a su servicio:

«Vi luego… otra Bestia… al servicio de la primera Bestia, establece por todas partes su dominio… y hacer que fueran exterminados cuantos no adoran la imagen de la Bestia… nadie podrá comprar nada ni vender sino el que lleve la marca con el nombre de la Bestia» (Apocalipsis 13,11-17).

«Esos diez cuernos, son diez reyes, que no han recibido aún reino, pero recibirán con la Bestia la potencia real. Están todos de acuerdo en entregar a la Bestia el poder y la potencia que ellos tienen» (Apocalipsis 13,1/17,3 y 17,12-13).

«Pero la Bestia fue capturada, y con ella el falso profeta - el que había realizado al servicio de la Bestia las señales…» (Apocalipsis 19,20) «y el Diablo, su seductor, fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde están también la Bestia y el falso profeta» (Apocalipsis 20,10).

Se destaca que estos diez reyes aparecen al mismo tiempo con la Bestia. El apoyo incondicional de los Estados Unidos de América a Israel revela la identidad de la segunda Bestia. Los «diez reyes» son los diez Presidentes de los EE.UU. desde la fundación de Israel en 1948, de Truman a Clinton que es el décimo: Truman, Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Cárter, Reagan, Bush Sr, Clinton que es el décimo.

George W. Bush Jr. es el decimoprimero, aún uno de los diez precedentes, por su padre de quien el nombre, idéntico al suyo, figura entre los diez.

Sin estos diez reyes de América, Israel no habría ni siquiera existido ni subsistido…

Finalmente, decepcionados de su obra, los «diez reyes» (a partir del reino de Bush Jr.) y la propia Bestia destruirán Israel pegandole a «Jerusalén», su corazón. Será una clase de autodestrucción: «Esos diez cuernos y la Bestia van a aborrecer a la Ramera (Jerusalén)… La quemarán con fuego» (Apocalipsis 17,16). Cuando eso llegará, comprenderemos mejor de que manera Jesús, el Cristo vivo, destruirá el Anticristo.

La Prostituta es «la mujer sentada sobre la Bestia» (Apocalipsis 17,3-5). Juan explica que «esa mujer, es la Gran Ciudad (Jerusalén), la que reina sobre los reyes de la Tierra» (Apocalipsis 17,18). Isaías ya la había calificado de prostituta: «¿Cómo se convirtió en una prostituta la ciudad fiel? Sión, llena de honradez, la justicia habitaba en ella pero ahora homicidas» (Isaías 1,21). Reina sobre los «10 reyes» y, por ellos, sobre los otros jefes de Estados y sus ejércitos. Juan la vé «dividida en tres partes»: judía - cristiana - musulmana (Apocalipsis 16, 19), poniendo fin al sueño sionista.
Los que colaboran con la Bestia se excluyen para siempre del Libro de la Vida Eterna; los elegidos son los que la combaten:

«Todos adorarán a la Bestia, todos los habitantes de la tierra cuyo nombre no se encuentra escrito, a partir del origen del mundo, en el Libro del Cordero (Jesús) degollado (crucificado)» (Apocalipsis 13,8-9)

1.2. Los protagonistas aliados del Cristo

1.2.1. «El Jinete»

El Jinete del Apocalipsis es Jesús, «la Palabra de Dios. Hace la guerra con justicia contra los paganos»:

«Vi el cielo abierto, y había un caballo blanco; el que estaba sentado sovre él se llama ‘Fiel’ y ‘Verdadero’. Y juzga y combate con justicia… tenia escrito un nombre que solo él conoce (Palestino); un manto empapado de sangre (de los mártires de la Bestia); ¿y su nombre? El Verbo de Dios. Y los ejércitos del Cielo (Hizbollah, etc…) lo seguían sobre caballos blancos…» (Apocalipsis 19,11-16)

El nombre misterioso que «solo El conoce» significa que Jesús se vestirá de una nueva aparencia conocida solo por El y por los a que El querra revelarse a ellos (Apocalipsis 3,12). Es así que El regresa «como un ladrón» (Apocalipsis 3,3 & 16,15 / 1 Tesalonicenses 5,2/2 Pedro 3,10).

1.2.2. «La Mujer»

En el centro del Apocalipsis aparece una Mujer radiante:

«Una gran señal apareció en el Cielo: ¡una Mujer! Vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza» (Apocalipsis 12,1)

Esta Mujer es Maria, la Madre del Mesías:

«La Mujer dio luz a un Hijo varón (Jesús), el que ha de regir a todas las naciones con un cetro de hierro» (Apocalipsis 12,5)

El demonio lleva la guerra contra la Mujer y sus niños:

«Cuandó el Dragón vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la Mujer que había dado luz al Hijo varón (Apocalipsis 12,13)… airado contra la Mujer, el Dragón fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús (contra la Bestia)» (Apocalipsis 12,17)

Es esta Mujer, la Virgen María, que apareció en La Salette (Francia), en 1846, para denunciar la traición del clero y anunciar la próxima aparición del Anticristo respaldado por los 10 reyes. Ella predice también la llegada de la Bestia (véase texto «La Salette»). Maria apareció de nuevo en Fátima (Portugal), en 1917, para prevenir al mundo de los cataclismos apocalípticos, dejando a los Papas el cuidado de revelar un secreto en 1960. no lo revelaron nunca.

El Papa Juan Pablo II pretendió averlo revelado en el verano del 2.000, pero este secreto permanece ocultado por la mafia vaticana. Pensamos que ese secreto ponía en guardia el mundo contra el Anticristo y su infiltración al Vaticano mismo. La Virgen había revelado explícitamente, en La Salette, que éste debía nacer «de una religiosa hebraica» (sionismo), y que «su padre seriá Obispo» (colaboración israelí-cristiana). Ella reveló tambien que «Roma perderá la fe y se volverá la sede del Anticristo». No obstante, el secreto de Fátima revela al mundo la identidad del Anticristo; y esto, el Papa no tuvo el valor de hacerlo. El mismo Jesús desenmascaró a su enemigo revelando la identidad de la Bestia el 13 de mayo de 1970.

La Aparición de la Virgen en nuestro tiempo es una señal apocalíptica innegable.

1.2.3. Los «Dos Testigos»

Dios suscitará sus «Dos Testigos» para profetizar contra la Bestia. Ésta triunfará y los matará. El mundo se alegrará y se congratulará por su puesta a muerte:

«Yo enviaré mis dos testigos a profetizar (contra la Bestia)… la Bestia que sube del Abismo hara guea contra ellos, y los vencerá, y los matará… Los moradores de la tierra se alegrarán y se felicitarán ya que estos dos profetas les habían causado muchos tormentos…» (Apocalipsis 11,3-10)

Acusados de «terrorismo», los dos testigos de Dios son agobiados por el mundo entero. Estos «Dos Testigos» son dos pueblos: los palestinos y los libaneses, en particular, del Sur del Líbano, que luchan contra la Bestia, y no se someten ni colaboraran con ella. Estas dos categorías de hombres se mencionan en otra parte aún en el Apocalipsis: San Juan ve «las almas de los que se habían degollado por la palabra de Dios (los palestinos, el primer Testigo) y por el testimonio que ellos tenían (este testimonio es la resistencia contra Israel). Clamában con una alta voz (de todo corazón) hacia Dios: ¿hasta cuándo, Señor Santo y Verdadero, vas a estar sin hacer justicia, y sin tomar venganza por nuestra sangre…?». Dios responde «diciéndoles que reposasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completaran el numero de sus consiervos y sus hermanos (los libaneses, el segundo Testigo) que tambien habian de ser muertos como ellos» (Apocalipsis 6,9-11).

Estos dos testigos «tienen poder de cerrar el cielo para que no llueva en los días en que profeticen. Tienen también poder sobre las aguas, para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga cuantas veces quiseren…» (Apocalipsis 11,6).

El sentido de estos versículos simbólicos es el siguiente: Estos dos testigos tienen el poder de impedir, con acciones militares, que todo proceso de paz se haga a su detrimento (de «falsa paz», ha dicho La Virgen en La Salette). En efecto, «Cielo» y «lluvia» simbolizan la paz y la prosperidad bloqueada por la resistencia de los dos testigos contra la Bestia.

En cuanto al «poder de convertir el agua (del bautismo) en sangre», eso significa que sangre derramada, resistiendo a la Bestia, es un testimonio para Jesús que les vale un bautismo, no por el agua, pero por la sangre (el bautismo de Fátima). Dios los considera incluso «crucificados» como Jesús: «la Bestia que sube del Abismo hará guerrar contra ellos, los vencerá y los matará… allí donde (en Jerusalén) su Señor (el Cristo) también fué crucificado» (Apocalipsis 11,7-8). Este bautismo de sangre los vuelve discípulos del Cristo porque El es su Señor.

1.2.4. El «Angel» del Apocalipsis

Este «Angel» enviado del Cielo es un hombre, como eso fué explicado en el capítulo primero.

La Bestia habiendo aparecido, Jesús reveló el misterio apocalíptico a su «Angel». Entonces El lo envía con el «Pequeño Libro abierto en mano» (Apocalipsis 10,1-2), a fin de explicar el contenido: «No selles las palabras proféticas de este libro porque el Tiempo está cerca» (22,10).

Una característica de este enviado es que el viene del Este (con relación a Patmos); el es un oriental. Juan dice en efecto: «Vi otro Angel que subía del Este, y tenia Sello del Dios vivo…» (Apocalipsis 7,2).

Es del Oriente, del Líbano, allí donde el Mesías le reveló el misterio del Libro del Apocalipsis, que fué enviado a este hombre para explicar a los hombres el contenido de ese Libro. El «Sello del Dios Vivo» es este mismo «Pequeño Libro». Los que creen en este Mensaje son automáticamente «marcados», elegidos por Dios. Esta selección de los elegidos se hace antes del gran cataclismo universal (guerra nuclear) que pondrá fin a la hegemonía mundial de las dos Bestias:

«El (el Angel) clamó con gran voz: no hagáis daño a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los siervos de nuestro Dios» (Apocalipsis 7,2-3)

Jesús había yá predicto ese día temible que precede su regreso y cambia la cara del mundo:

«Las naciones estarán en angustia… los hombres se morirán de susto en la espera de lo que amenazará el mundo (las armas nucleares amenazan el mundo entero)… y entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube con potestad y gloria», pero El se apresuró inmediatamente en tranquilizar a los suyos, los que fueron marcados con el Sello del Dios vivo: «Y cuando estas cosas comenzaren a hacerse, mirad, y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca» (Lucas 21,25-28)