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1. Presentación del libro
El Apocalipsis contiene las profecías relativas a la vuelta y la caída final de Israel. Este Estado no volverá a reaparecer nunca más. Es el final de su tiempo. Es lo que Jesús llama el «final del tiempo de los Paganos» (Luc 21,24), que significa el final del tiempo del Anticristo, y, según San Pablo, el final del «misterio de la obra de la impiedad» (2 Tesalonicenses 2,7-8). Es para prevenir a Los Suyos que Jesús reveló el Apocalipsis a Jean. «Los Suyos», hoy día, son los que creen en El. En efecto, este Libro comienza así:
«Revelación (Apocalipsis) de Jesucristo, Dios se lo dio (lo dio a Jesús) para mostrar a sus servidores (los creyentes) lo que debe llegar pronto. El (Jesús) envió su Ángel para darla a conocer a Juan su servidor (Apocalipsis 1,1).
Dichoso el que lea y los que escuchen las palabras de esta profecía y guarden lo escrito en ella, porque el Tiempo está cerca» (Apocalipsis 1,3).
Como muchos cristianos, San Juan fue exiliado a la isla de Patmos, en el año 95 después J.C., por el emperador Domiciano. Fue en esta isla que recibió las numerosas visiones apocalípticas:
«Yo, Juan… me encontraba en la isla llamada Patmos por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús» (Apocalipsis 1,9).
San Juan en dos ocasiones revela, haber recibido del Cristo la orden de escribir sus visiones en un libro: «lo que veas escríbelo en un libro y envíalo a las siete Iglesias…» (Apocalipsis 1,11). «Escribe, pues, lo que has visto: lo que ya es y lo que va a suceder más tarde» (Apocalipsis 1,19). Este Libro que Juan escribió es el Apocalipsis. Es necesario constatar bien que hay dos épocas: «lo que ya es», a continuación «lo que va a suceder mas tarde». La segunda época se refiere a un tiempo particular del futuro. Es el nuestro.
Así pues, este Libro, que consta de 22 capítulos, se divide en dos partes bien distintas: una primera parte relativa al tiempo de Juan, «lo que ya es» , y una segunda parte relativa a un tiempo futuro, «lo que va a suceder más tarde». La misión del segundo enviado apocalíptico, el Ángel del Apocalipsis (10,1-2), es específico: explicar las profecías relativas a este segundo tiempo, «el futuro», ya, ahora, realizado y actual.
1.1. La primera parte
Se compone de 3 y se dirige a las siete principales Iglesias del Asia Menor (Turquía) fundadas por Juan. Implica exhortaciones a la fe.
Esta primera parte, contrariamente a la segunda, está bien estructurada. se constata en ella una consecuencia lógica, bien ordenada y más bien comprensible. Nosotros no demoraremos en estos tres capítulos que no son el objetivo de nuestro estudio.
1.2. La segunda parte
Va de los capítulos 4 al 22. Corta claramente con la primera parte, y comienza así: «Vi una visión: He aquí que una puerta estaba abierta al Cielo, y la voz… me decía: sube acá, que te voy a enseñar lo que ha de suceder después» (Apocalipsis 4,1). Él se refiere pues a los acontecimientos futuros ya mencionados en Apocalipsis 1,19.
Algunos piensan que los capítulos de la segunda parte, como los de la primera, son válidos para todo el tiempo y los lugares y que hablan de la lucha contra el mal en general. Este no es el caso, puesto que Dios designa un tiempo particular posterior a Juan, y un lugar bien preciso, Palestina, como lo muestran los versículos siguientes:
1.2.1. Un tiempo particular y un lugar preciso
1. «Revelación de Jesucristo, Dios se lo dio para mostrar a sus servidores lo que debe llegar pronto.» (Apocalipsis 1,1)
2. «Escribe, pues, lo que has visto: lo que ya es y lo que va a suceder más tarde (la vuelta de la Bestia)» (Apocalipsis 1,19)
3. «Sube acá, que te voy a enseñar lo que ha de suceder después (aún la vuelta de la Bestial).» (Apocalipsis 4,1)
4. «Un Ángel (Jesús) que tiene una enorme cadena en mano… dominó el Diablo, Satanás, y lo ató por mil años… y lo encerró en el abismo hasta final de los mil años. Después tiene que ser soltado por poco de tiempo» (Apocalipsis 20,1-3). «cuando se terminen los mil años transcurridos, será Satanás soltado de su prisión, y saldrá a seducir las naciones» (Apocalipsis 20,7)
5. «La Bestia era y ya no es, y va a subir del Abismo pero camina hacia su destrucción» (Apocalipsis 17,8).
Constatamos 3 puntos importantes aquí:
- La «Bestia» existía en el pasado («era»), antes de la redacción del Apocalipsis. Eso no se aplica ni al comunismo, ni al Islam, ni a Hitler ni tampoco a las armas nucleares.
- La «Bestia» no existe más del tiempo de Jean («ya no es»). No se puede, pues, decir que simboliza el mal en general, que signe existiendo siempre, ni el Imperio Romano, como lo pretenden algunos exegetas, ya que este imperio existía aún en 95.
- Vuelve después de Juan porque ella «va a subir del Abismo». Su vuelta coincide con la liberación de Satanás (Apocalipsis 20,7). Vuelven, de nuevo, ambos «del Abismo» (Apocalipsis 11,7/20,1-3).
6. «Siete ángeles que llevan las siete plagas, las últimas, porque con ellas se consuma el furor de Dios» (contra la Bestia, poniendo fin a su existencia) (Apocalipsis 15,1)
7. «Diez reyes que no han recibido aún el reino; pero recibirán (en el futuro) con la Bestia un poder real» (Apocalipsis 17,12)
8. «Cuatro ángeles sobre el gran río Éufrates (Irak) que estaban preparados para la hora, el día y el mes y el año.» (Apocalipsis 9,15)
Se trata de un momento y de un lugar histórico bien preciso: el Éufrates. Esto se adapta perfectamente a la guerra internacional contra Irak. En efecto, los EEUU, presididos por Georges W. Bush mayor, y sus aliados de Europa habían amenazado este país, en 1990, de actuar militarmente contra el fijándole fecha ultima: medianoche (la hora), del 16 (el día), de enero (el mes), 1991 (el año). De hecho, esta amenaza se puso en práctica inmediatamente después de medianoche del día anunciado. Esta guerra internacional contra este país del Éufrates es un signo apocalíptico incuestionable para los que tienen el espíritu profético. Es la única guerra de la historia del mundo que fue fijada de antemano, «la hora, el día y el mes y el año» (Apocalipsis 9,15). Es una trompeta apocalíptica bien sonora que solamente los sordos no la oyen.
Con el fin de destacar la importancia de este acontecimiento, el Apocalipsis menciona el Éufrates una segunda vez, aún: «El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Éufrates…» (16,12). Esta segunda mención del Éufrates se refiere a la segunda guerra desencadenada por los Estados Unidos de América el 19 de marzo de 2003 contra Irak, sobre el Éufrates. Estas dos guerras fueron desencadenadas por dos Presidentes americanos, padre e hijo del mismo nombre: George W. Bush (padre) y Georges W. Bush (hijo).
El primero, George Bush padre, figura entre estos «10 reyes al servicio de la Bestia pero que aún no habían recibido poder real» en el tiempo de San Juan (Apocalipsis 17,12). Es el octavo (véase capítulo siguiente sobre estos «10 reyes»). Su hijo, Georges Bush hijo - que lleva providencialmente el mismo nombre que él- es el decimoprimero rey, pero es, aún uno de los diez precedentes (puesto que ya su nombre existe) ya que es la obra de su padre que el le ambiciona de acabár. El es entonces uno de estos diez reyes, en el mismo espíritu profético, que el octavo rey de la Bestia es dicho «uno de los siete por tanto» ya que pretende terminar el trabajo de los 7 precedentes (Apocalipsis 17,10-11).
9. La segunda guerra contra Irak viene a cumplir la segunda profecía relativa al Éufrates (Apocalipsis 9,14 / 16,12). Es la guerra de Armagedón (Apocalipsis 16,16). La travesía del Éufrates por «los reyes del Oriente» se comprendera en el momento de su realización (Apocalipsis 16,12).
10. «El Señor Dios que inspira a los profetas ha enviado a su Ángel para manifestar a sus siervos lo que ha de suceder pronto. Mira, vengo pronto.» (Apocalipsis 22,6-7).
Queda claro que estos acontecimientos son las señales del Tiempo de la Vuelta del Cristo. ¡Oiga quien puede!
11. Los tres versículos que siguen indican que los acontecimientos apocalípticos temporales son de un nivel esencialmente espiritual: mencionan una guerra última entre el Cristo y los suyos contra el Anticristo y los suyos. Esta batalla decisiva se desarrolla en un lugar geográfico preciso, a saber Palestina, y, en particular, Jerusalén:
«Los gentiles pisotearán la Ciudad Santa (Jerusalén) durante cuarenta y dos meses» (Apocalipsis 11,2)«La Bestia que surge del Abismo les hará la guerra, los vencerá y los matará. Y sus cadáveres, en la plaza de la Gran Ciudad… allí donde su Señor también fue crucificado…» (Apocalipsis 11,8). Jesús fue crucificado en Jerusalén.
«Cuando terminaron los mil años, será Satanás soltado de su prisión, y saldrá a seducir a las naciones de los cuatro extremos de la tierra, a Gog y a Magog, y a reunirlos para la guerra….subieron por toda la anchura de la tierra (Palestina), y invertieron el campamento de los santos, y de la Ciudad amada (Jerusalén).» (Apocalipsis 20,7-9).
1.2.2. La Bestia es el Anticristo
Todos los intérpretes bíblicos reconocen que la Bestia es el Anticristo de quien habla Juan, el Impío o el Adversario (del Cristo: el Anticristo) previsto por Pablo. Debe aparecer a vísperas de la Vuelta del Cristo: Juan dijo «¿Quién es el mentiroso, si no el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el Anticristo.» (1 Jean 2,22).
Los Israelíes son los únicos que niegan «que Jesús es el Cristo», el Mesías de Dios. El Islam declara esta Verdad, el Corán reconociendo, además, que Jesús es la «Palabra de Dios y el Espíritu de Dios» (Corán III; La Familia de Imran, 45).
Pablo dijo: «Con respecto a la Llegada (Vuelta) de nuestro Señor Jesucristo… debe antes revelarse el hombre Impío, el Ser Perdido, el Adversario (el Anticristo)… Recuerdan que estando aún cerca de ustedes, le decía esto» (2 Tesalonicenses 2,1-5).
El tiempo apocalíptico es, pues, reconocible por la reaparición del Anticristo en Palestina, en el mismo corazón de Jerusalén, para llevar la batalla final contra el Cristo. Este último lo superará y el Anticristo desaparecerá para siempre (Apocalipsis 17,8). Esto confirma lo que Jesús ya había revelado a sus Apóstoles respecto al Tiempo Final: «Cuando verán a Jerusalén cercada por los ejércitos, tomen en cuenta que su devastación está cerca» (Luc 21,20). Tengamos en cuenta también que es la Hora de la Vuelta de Jesús.
En la parábola de la higuera, Jesús nos pide reconocer este Tiempo en que la Bestia aparece, y que precede su Vuelta:
«De la higuera aprenden esta parábola. Desde que su ramaje se vuelve flexible y que sus hojas crecen, se dan cuenta de que el verano se acerca. Del mismo modo, ustedes también, cuando vean todo eso (la Bestia en Palestina), se dan cuenta que Él (el Hijo de l’ Hombre, Jesús) está cerca, a las puertas» (Mateo 24,32-33)
Es entonces imprescindible! Es necesario pues descubrir la identidad de la Bestia para darse cuenta de que la Hora de la Vuelta de Jesús sonó.
1.2.3. El Apocalipsis, un libro de Juicio
El libro del Apocalipsis es un libro de Juicio: Condena a la Bestia y a sus aliados (14,9-11), pero concede la Vida Eterna a los que lo desenmascaran y lo combaten. El Juicio se presenta de la siguiente manera:
«Luego vi un gran Trono blanco, y al que está sentado sobre él… fueron abiertos unos Libros (las Santas Escrituras), luego se abrió un otro Libro (el Apocalipsis), que es el de la Vida; y los muertos fueron juzgados según los escritos en los Libros» (Apocalipsis 20,11-12).
Estos «muertos» representan la humanidad entera hundida en las oscuridades mortales de la ignorancia; no son las almas que dejaron la tierra para el más allá. Todos los que, aquí abajo, oyen el Mensaje de este Libro abierto y lo ponen en la práctica corresponden a la Vida espiritual: «Dichoso el que lea y los que escuchen las palabras de esta profecía y guarden lo escrito en ella…» (Apocalipsis 1,3). Antes, Jesús empleó la misma lengua: «La hora viene - y ya está- dónde los muertos oirán la voz del Hijo de Dios y los que la habrán oído vivirán» (Jean 5,25). Esto significa, por supuesto, de reanudar vida espiritualmente. Es la «primera resurrección» de la cual habla el Apocalipsis (Apocalipsis 20,5). El «Pequeño Libro Abierto» viene a dar esa Vida a los que le escuchan, «quiénes tienen oídos para oír lo que el Espíritu dice» a los hombres del mundo entero (Apocalipsis 3,22).
Así pues, este «Otro Libro», abierto después de los primeros, es el Apocalipsis. Estaba cerrado, «sellado con 7 sellos en la mano de el que está sentado sobre el Trono» (Apocalipsis 5,1). Está abierto a nuestra inteligencia después de los otros Libros de la Biblia, siendo el último al haberse sido comprendido. Hoy día, como antes con sus primeros Apóstoles, Jesús vuelve hacia sus nuevos Apóstoles para «abrirles su entendimiento a la inteligencia de las Escrituras», y especialmente al Apocalipsis (Luc 24,45).
Hay que subrayar que «Aquél que está sentado sobre el Trono Blanco» (Apocalipsis 20,11) no tiene ya en mano este Libro que tenía cerrado en el capítulo 5,1. La razón es que «el Cordero (Jesús) vino a tomar el Libro de la mano derecha de el que está sentado sobre el Trono» (Apocalipsis 5,7), para entregarlo al Ángel que «tenía en su mano un pequeño Libro Abierto» (Apocalipsis 10,2), como eso fue explicado en el capítulo 1. Este pequeño Libro es el Apocalipsis, pequeño en volumen, pero grande en Sabiduría.
Desde la apertura de este «Pequeño Libro» (Apocalipsis 10,2), el juicio del mundo está en curso: Los que toman partido con la Bestia, el Anticristo, aún séan cristianos, y se oponen al Cristo; y los que lo combaten, aún séan paganos, y se unen al ejército espiritual del Cristo. El juicio divino se opera por el triunfo de Jesús y de los suyos y por la derrota definitiva de la Bestia y sus aliados: «Esos diez cuernos, son diez reyes… están todos de acuerdo en entregar a la Bestia el poder y la potencia que ellos tienen. Estos harán guerra contra el Cordero, y el Cordero los vencerá en unión con los suyos, los llamados y elegidos y fieles… (Apocalipsis 17,12-14)… Vi entonces a la Bestia y a los reyes de la tierra con sus ejércitos reunidos para entablar combate contra el que iba montaba en el caballo (Jesús) y contra su ejército. Pero la Bestia fue capturada y con ella el falso profeta - el que había realizado al servicio de la Bestia y de los que adoraban su imagen, las señales, y los dos fueron arrojados vivos al lago del fuego» (Apocalipsis 19,19-21).
Constatamos pues dos campos que se oponen: el de la Bestia contra el de quien iba montado en el caballo.
Los protagonistas del primer campo son: el Dragón, la Bestia, los diez reyes y sus ejércitos.
Los protagonistas del segundo campo son: el que iba montado en el caballo, su ejército, la Mujer, los dos Testigos, el Ángel. En el capítulo siguiente damos detalles más amplios sobre los protagonistas.